Malos tiempos
Han pasado muchos dias desde mi ultima entrada. He necesitado un tiempo de reflexion y tambien de descanso de mi misma: es agotador aguantarme las 24 horas al dia. Ademas se ha juntado el cansancio laboral y el stress emocional ha sido que lo mejor ha sido desaparecer. Ahora me siento con más fuerzas pero sigo sintiendo una especie de melancolia desesperanzada.
Siempre me han acusado de ser una persona misteriosa que no cuenta nada de lo que hace en su vida, ni mucho menos secretos ajenos aunque eso sea una virtud muy digna. Creo que he descubierto el porque de tanto secretismo: cada paso que doy supone a mi entorno un gran sufrimiento. Pense que era por mi naturaleza desmadrada pero ahora, a la vejez viruela, me doy cuenta que tal vez me han tenido demasiado protegida: comprarme una moto supuso un drama y para conseguirla a tierna edad y pagada por mi tuve que enfrentarme a aquellos que mas me importaban: la familia. Y claro está, uno necesita a veces aunque sea la aprobacion de aquellos a los que ama, ese golpecito en la espalda, ese: te entiendo, adelante. Casi nunca lo he tenido y siempre me ha acompañando una sensacion de culpabilidad que intentaba arrancarme de la piel a traves del secreto: pensaba que ojos que no ven, corazon que no siente. He intentado ahorrar de esta forma disgustos a los que se preocupaban por mi y yo darme un descanso en esa sensacion tan dañina de ser una mala hija. Entiendo, ahora que yo tambien soy madre, el sufrimiento por el mal de un hijo: queremos su felicidad y a veces se la limitamos por ser demasiado protectores. Recuerdo como si fuera hoy, aunque han pasado 23 años, si el calculo de cabeza no me falla, desde que me matricule en la universidad para estudiar derecho. No se. Era la carrera , dentro de las asequibles para mi cerebro poco habilidoso con las ciencias, que mas me llamaba la atencion (no puedo decir "gustar" porque con 18 años derecho era algo desconocido para mi). Pense que cualquier padre se sentiria orgulloso de un hijo abogado ( o abogada) y me parecia una carrera con prestigio social. Pero resulto que no. Mi padre lo que dijo cuando se entero fue que me quitare el hambre a guantazos y que para la sociedad los leguleyos teniamos una utilidad social de cero..no como los medicos o los ingenieros. La primera en la frente. Cuando termine derecho redescubri la ilusion de mi vida: siempre habia querido llevar uniforme incluso en una infancia en que las mujeres no eramos admitidas en esos ambitos. Me empeñe. Y tambien era miope y los cuadros de exclusion medica no se llevan bien con las gafas. Ahi nuevamente tuve que enfrentarme en pleno con un monton de obstaculos que ellos interponian sigilosamente, como quien no quiere la cosa. Tenian miedo de lo que pudiera pasarme, de los riesgos que corria... y tampoco recibi apoyo. Tuve que armarme de valor y volver a ir contracorriente de precisamente de quienes mas necesitaba su apoyo y aprobacion. Busque soluciones como una leona, hable con medicos, optometristras, profesionales en activo, compañeros opositores, mande carta, ley y ley... pero con cada nueva solucion que se me ocurria: que si operarme, que si lentillas que corrigen la forma de la cornea ellos encontraban un "pero". No podeis imaginar lo que eche de menos entonces sentir un poco mas de apoyo: posiblemente no me habria esforzado tanto, y seguramente no lo habria conseguido, si no me hubiera visto tan sola. Lloré mucho en silencio en esa epoca (yo, mujer que perdio las lagrimas al nacer) precisamente por sentirme sola con ese ardor interno vocacional. Intentaba averiguar que era lo que hacia mal, si yo era una mala hija y una mala hermana y si realmente estaba haciendo algo malo. Finalmente lo consegui y vi realizada la vocacion de toda una vida. (me senti como un sacerdote recien ordenado y aprendi a amar a mi profesion cada dia un poquito mas y a sacrificarme tambien por ella en muchos aspectos) pero eso ya es otra historia que contar.
El caso es que en estos dias vuelvo a sentirme asi. Y entiendo su miedo y su preocupacion pero no puedo entender que me limiten de esa manera...es egoista. Nunca pude montar a caballo porque a mi madre le daba miedo, cuando juego a airsoft les parece que me voy a la guerra (y de hecho me voy...pero esta es de mentira y es como jugar al escondite) e incluso recuerdo cuando no me dejaban ir de convivencias con el colegio hasta que fue casi una adolescente, o como tuve que convencer a mi padre regañadiente, y yo con la consiguiente carga de culpabilidad, por ir a una actividad escolar un sabado que consistia en pasar una serie de pruebas infantiles. Y esa es mi vida y supongo que esa soy yo: la que siempre ha vivido con miedo a hacer sufrir a los demas y con esa enorme carga de culpabilidad.

