Domingo

Los domingos son siempre dias tristes. Son la viuda del cadaver todavia de cuerpo presente del sabado y en vez de luto se luce resaca o simplemente perrera. Se esta en pijama y se apura al maximo para la ducha de rigor y preparar los bartules para el dia siguiente. A diferencia de los sabados que son dias alegres y que nos dan la sensacion de tener muchisimo tiempo por delante. El domingo ya no es un dia festivo porque se ha transformado en el preludio del primer dia de la semana: de ser el dia de ir a misa hemos pasado a ser el dia de antes a ir a trabajar.
Recuerdo que cuando era muy pequeña (6 o 7 años) el domingo era un dia luctuoso: apenas podia dormir, sentia un nudo en el estomago y me reconcomia la culpabilidad de no haber hecho los deberes que me habian puesto para le lunes. Para mas INRI era yo una niña asustadiza de espiritus y seres de otro mundo que me atormentaban sin miramientos con las sombras proyectadas en la pared y los rincones a los que la luz de la farola (la condicion para compartir cama conmigo todavia sigue siendo la de no bajar la persiana) no llegaba a iluminar. Supongo que en aquellas horas en las que no me visitaba el sueño aprendi a hilar historias, miedos y alegrias, y sobretodo esa capicidad que me acompaña para la falta de sueño y el insomnio cronico extensible hoy a toda la semana y meses del año.
Definitivamente el domingo no tiene nada de placido.

