Farewell, my love
Hoy después de una eternidad me he despertado tranquila. Sigo pensando en ti, decirte lo contrario sería engañarte a ti (y también a mí,) pero tu recuerdo ya no me causa dolor. Ahora pensar en ti supone sentir una suerte de melancolía agridulce con textura de miel en la boca. He despertado descansada de cuerpo y de mente y por una vez, en demasiado tiempo, no he tenido añoranza de tu cuerpo, ni de tus palabras. Ya no me acuerdo de tus besos, de la última vez que te salió decirme que me querías, o que yo te lo dije a ti, de los buenos momentos que pasamos. Después de tanto tiempo ahora no eres más que un extraño del que me asombra que haya conocido alguna parte secreta de mi cuerpo y esa intimidad que ahora me parece la intimidad de otros y no la mía. Te dije que nunca dejaría de quererte y sin embargo me olvide de cumplir esa última promesa. Como la planta que se seca con el futro podrido de su vientre colgando muerto. Estabas demasiado ocupado preocupándote por ti: por lo que sentías, por si todavía me querías, por estar tranquilo como para preocuparte de cuidar que ese fruto no muriera. No te reprocho el desamor, yo tampoco lo hice bien y sé que padeciste, sino por el desdén y la desidia cínica de los últimos momentos.

Quiero pensar que me quisiste. Que durante unos meses, tal vez años, me amaste. Vivimos escondidos pero felices, nos regalamos momentos de amor y de deseo, pero empecé a preocuparme en el momento en que crei que solo nos teniamos amor en los momentos de pasión. A partir de ahi todo lo demás recuerdo que te agobiaba. No podías estar conmigo dejando pasar las horas en una charla sobre lo humano y lo divino. Necesitabas tener las manos ocupadas y la cabeza también en alguna tarea que te distrajera de nuestra presencia (de la tuya y la mía). Me quisiste? Eras consciente? Después llegó la ruptura, tu tiempo para pensar, ese tiempo en que tu no creías y a mí no quisiste darme por parecerte cosa de cobardes. Pero tu quisiste tu tiempo y yo quise dártelo lo mejor que me salía. No fui perfecta, ya lo sé, pero tuve algo que tú nunca podrás reprocharme: coherencia. Me decías que yo era la persona que mejor te había tratado, una mujer "cojonuda" pero decidiste que eso no era suficiente para permanecer a mi lado, y no te culpo, porque como tú dijiste: habías perdido la chispa. Necesitabas pensar. Pero no puedo perdonarte que ante un cuerpecillo dolorido y quejumbroso como el mío, llena de dolor y de culpabilidad por haberte perdido, ese tiempo de reflexión incluyera sexo ocasional y charlas de amigos como que "aquí no ha pasado nada" cuando lo necesitabas. Qué bonito es nadar y guardar la ropa.
No puedo reprocharte nada más que, tal vez, el haberme enamorado. Ya no me duele pensar en ti porque ahora me doy cuenta que eres tu el que hacer mucho me ha perdido.

